4.08.2011

Moda Primaveral

De todas las veces que había venido a Holanda, nunca había sido en primavera, y más allá del enorme alivio que trae el sol después del frío invernal, lo más impresionante es la cantidad de árboles, flores y jardines llenos de colores. Pareciera que compitieran entre sí haciendo gala de los colores más vivos o las flores más bellas.

Pero nada de esto es producto de la naturaleza sola pues los holandeses se encargan siempre de hacer de lo bueno, algo mejor. Definitivamente el empeño que ellos ponen para ganarle a la naturaleza es admirable.

Yo no se si sea cultural o culpa de la geografía, pero en Venezuela nunca vi tanto afán por los jardines como sucede aquí. Si bien todas las casas cuentan con un patio y un frente lo suficientemente espacioso para uno, nadie se encarga de hacerlo hermoso, todos nos conformamos con la mata de mango que nunca nadie sembró sino que un día comenzó a crecer en aquella esquina al final y que ahora cuenta con una alfombra de viejas semillas caídas a sus pies.

Una vez me dijo una amiga que vive a unas cuantas casas de la mía aquí en Holanda: "cuando llegue la primavera ya verás a todos trabajando en sus jardines". Y así fue! Todos tienen, y quieren, al menos una flor nueva sembrar. Algunos árboles, que en el invierno fueron cubiertos con una malla muy fina para evitar que murieran de frío, están ahora libres recibiendo algunas gotas de lluvia y algunos rayos de sol, todos floreciendo y dándole un toque lila a la calle principal de la cuadra.

Las tiendas mas concurridas en estos días: las de jardinería. El equivalente a una tienda Coco Chanel o Christian Dior en Nueva York. Y en las cajas de pago no sólo se ven señoras aficionadas a la floristería sino también, y yo diría que en su mayoría, caballeros de todas las edades. Y es que hay de todo en estas tiendas. Desde tijeras para cortar el tallo de las flores en un ángulo de 45° para que estas puedan alimentarse del agua cuando van a un jarrón, hasta grandes árboles, fertilizantes, tierra abonada y fuentes de agua para adornar los más codiciados jardines.

Recientemente estuve en un lugar donde vendían arbolitos. Y no eran arbolitos de navidad, eran Los Arbolitos! Extrañamente a alguien que conozco, pero que no revelaré su identidad para no hacerlo sentir culpable, se le había ocurrió la fabulosa idea, que aún perdura, de comprar un árbol de aceitunas. Claro, proporcionalmente al espacio donde iba a ser ubicado, podríamos decir que no debería superar una altura de 2 m. ni un radio de 50 cm., pero en el lugar habían aquellos ejemplares tan espectaculares que algunos ojos brillaban de emoción y necesidad por tenerlos. Por supuesto, los precios también eran de la misma magnitud del árbol, así que no hubo más remedio que desistir de la idea y conformarse con unas cuantas flores de diversos colores y par de porrones con plantas de bambú.

Debo admitir que disfruto mucho de esta cultura del jardín y sus plantas, pero solo para verla. Realmente no es mi pasión y no se si lo será algún día en este país, pero creo que debo instruirme un poco más sobre el tema para poder integrarme en las conversaciones que entre el grupo de amigos, dicho sea todos hombres, es normal por estos días.

En memoria de quien compratió tantos momentos de alegría.
Que la primavera te llene de flores estés donde estés, Jaime.

2 comentarios:

  1. Helmana si te lanzas a al aventura de ser escritora sere el presidente de tu culck de fan...

    organizare eventos (tengo experiencia animando los cumpleaños de tus sobrinos)

    que te parece??? aceptas :))

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  2. Oye! No eres el primero que me dice que me lance a escritora, y seguro que más de uno está pendiente de ser mi representante... pero por los momentos solo estoy sacandole punta a los lápices! Cuando me decida a hacer el libro te aviso para que hagas la fiesta de bautizo del primero!
    Besos, hermano!

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