6.10.2011

Entre países

Antes de venirme a Holanda, le dije a Pablo que quería conseguir una clases de Holandés a las que pudiera asistir sin carnet de identidad, el cual era casi obligatorio en la mayoría de los cursos del idioma aquí.

Él cumplió con su palabra e hizo una investigación exhaustiva de los posibles cursos en los que podía comenzar apenas tocara tierras bajas holandesas.

Consiguió un curso en una ciudad un poco alejada de la nuestra. Los llamó, hizo una cita, aplicó presión para que la cita no fuera en las dos semanas siguientes sino al día siguiente, porque sabía que yo iba a reclamarle en casa sino lo hacía con prontitud, llegó el día de la cita, fuimos, tuvimos una entrevista con la encargada y firmamos contrato. Ya podía comenzar lo que ha sido mi tortura en estos 4 meses y medio de esta nueva vida.

El curso fue la razón de mi nueva e intima relación con el tren. Nunca antes había usado el tren y Pablo no lo hacía desde que era adolescente, así que no teníamos ni idea de como era el nuevo mecanismo de adquirir boletos, de los viajes, de los precios, de las rutas. Él como siempre, preocupado por si yo iba a estar bien. Por si me perdía. Por si me daba miedo viajar de noche. Por si no podía comunicarme en holandés. Y yo, que si me pierdo me encuentran, que si no me entienden les hablo en inglés, que si viajo de noche es igual que de día.


Llegó el primer día de clases y con él, mi estreno mundial en el sistema ferroviario. Ya estaba preparada. Ya me había memorizado la ruta en tren y había copiado mentalmente el camino desde la estación hasta la escuela, pero cuando llegué a la primera estación donde debía hacer trasbordo y me di cuenta que sólo habíamos dos almas vagando en la estación, una chica y yo. Me sentí perdida y recurrí a romper el vidrio en caso de emergencia. Me acerqué a ella y le pregunté si hablaba inglés. Le pregunté si estaba en el anden correcto y terminamos charlando en todo el camino hasta que ella llegó a su destino, mientras yo seguía hacia el mío.

Era una chica de ojos achinados, piel morena clara, cabellos negros y lisos, y de mi misma estatura. Era una chica de Indonesia. La primera persona ajena al grupo de amigos de Pablo con la que hacía contacto terrestre, y era una chica de Indonesia.

Ese día que llegué a la escuela y conocí a quienes serían mis compañeros de clases durante mes y medio.

Conocí a un chico afgano, quien había paseado por infinidad de países antes de llegar a Holanda escapando de su país en guerra. A un señor iraní, quien siempre decía que estaba muy cansado para pensar en holandés. A un polaco, que tenía como un año en Holanda y hablaba como un lorito. A una parejita de rusos, que no hablaban ni pío y si lo hacían era silenciosamente entre ellos. A un gordo de Bulgaria, que en lo que supo que yo era venezolana, levantó sus pulgares en señal de aprobación, me sonrió y me dijo: Hugo Chávez!. A otra parejita -de ellos no estoy segura si eran pareja- de iraníes que hablaban muy buen holandés pero estaban perfeccionándolo, y una sueca, quien tenía su novio holandés.

Indonesia, Afganistán, Irán, Polonia, Rusia, Bulgaria, Suecia...

Mes y medio más tarde, ya tenía mi carnet de identidad y podía asistir al curso pago por la Alcaldía en una ciudad más cercana. Así que le dije adiós a mi viejo grupo para conocer uno nuevo.

Ahora tengo una amiga de Rumania, que habla mil idiomas menos español y por supuesto también el holandés, aunque no escribe tan bien ni tanto como habla.

Tengo una compañera de Tailandia, quien se esfuerza al máximo para mejorar su holandés. Con su acento asiático, su difícil pronunciación de algunas letras que en su idioma no existen y su siempre apuro por salir puntual a la hora de receso.

Un señor de Afganistán. Un médico profesional que tuvo que escapar con su familia y pasar penurias por casi 7 años con tal de salir de su país en guerra. Un hombre que siempre habla pausadamente y que razona bien sus respuestas y preguntas.

Un chico de Somalia, que siempre habla con timidez. Con su característico estilo, la chaqueta de un flux y un maletín donde lleva sus copias, cuadernos y libros. Un chico que siempre que puede, y amablemente, me dá el aventón hasta la estación de tren en su carro.

Tengo también un compañero de Turkia. Uno que no huele muy bien pero eso no quita que no tenga una joven y linda esposa, quien siempre lo va a chequear al salón de clases porque ella también sigue otro curso en la misma escuela.

Un africano, quien al día siguiente que se enteró que yo era arquitecto, llegó con un pedazo de cartón y un cuadrado dibujado en él, diciéndome que quería que yo le diseñara su casa en África. Me dio las medidas de su terreno, me explicó cual era su idea y después de tanto preguntarle la ubicación exacta, sólo me dijo: "En Sierra Leona".

También tengo ahora una amiga de Corea y a la que todos preguntan a primeras: "De que Corea?". Y ella siempre responde: "De Corea del Sur, por supuesto, porque los del Norte no pueden salir", se sonríe y baja de nuevo su cabeza por su siempre timidez.

Una señora de Rusia, que siempre está vestida a la moda y dándome consejos de que puedo hacer para seguir estudios de postgrado aquí.

Un mujer de Hungría, quien duró poco con nosotros porque su holandés estaba bien avanzado y ya le tocaba presentar el examen.

Una chica también de Turkia, quien ya tiene, al igual que todos los demás, algún tiempo en el país y habla bastante, pero que ahora quiere mejorar su gramática porque se lo exigen en su trabajo actual.

Y un venezolano, que no espera un segundo para sentarse conmigo a dialogar de nuestra tierra, hablar mal de esta y recordar el queso guayanés, la cachapa con queso de mano y cochino frito, el pollo asado de Torigallo, el cocosete, la susy, el calor venezolano, los robos, los secuestros, el presidente, y todo en sabroso español, hasta que algún compañero nos corta la inspiración diciendo: "Jullie moeten Nederlands praten!". Ah! Y quien también me da el aventón, esta vez en su bicicleta, hasta el centro, mientras vamos riéndonos de lo ridículos que nos veríamos en Venezuela en una bicicleta y además de colita.

Rumania, Tailandia, Afganistán, Somalia, Turkia, Sierra Leona, Corea del Sur, Rusia, Hungría y Venezuela...

Y por si fuera poco, al gimnasio donde voy, mi profesor de bodypump, es de Sri Lanka.

Uno sabe que existe mundo, pero nunca sabe cuando vas a conocer gente de otras culturas y de otros países de los que jamás tuviste idea. Ahora nos sentamos todos en un mismo salón. Atormentando a la profesora con nuestras preguntas gramaticales y de cultura. Todos masticando la lengua holandesa. Unos mejores que otros pero al final, todos vamos detrás del mismo objetivo: Hablar Holandés!

4 comentarios:

  1. Me encanto este post, es una experiencia bien linda la que estas teniendo a mi parecer, y me rei muchisisisisisimo con la cola en la bicicleta jajajaja
    un abrazo

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  2. jajajajajajja yo andaba buscando susy hoy y no consegui :(! te imaginas con esa pepa e' sol andando en bicicleta como quería el presidente que anduviésemos.. jajajaj ay Dios, y bueno eres bien afortunada es bien de pinga conocer gente de otros paises.. Yo conocí a un Tailandesa en Nueva York, y apenas me vio me dijo que yo iba a ser la septima miss universo de Vzla! eehhh :)

    un abrazote.

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  3. @Ely,
    Efectivamente es un experiencia muy bonita. Aprendes no solo del idioma holandés, sino de la forma de vida en otro países. Como por ejemplo, en Turkia no hay tarjetas de débito, se paga todo en cash, o en los idiomas asiáticos no existe la pronunciación de la P, por eso se les hace tan difícil, o que Rumania fue comunista y los estudios que hayas hecho en esa época no sirven de nada aquí.
    Toda una experiencia!
    Y la colita en bici... oh my! Si nos tomaran una foto nos cagariamos todos de la risa!

    @Ale,
    Mi amigo volvió la semana pasada de Venezuela y me trajo tres Susys. Todavía tengo una celosamente escondida al final de la gaveta porque si Pablo la encuentra, se la come!
    Con respecto a la bici, aquí he aprendido a amar la bicicleta. Me encanta y soy felíz con ella. Pero efectivamente, en Venezuela, con esa pepa'e sol, a dos cuadras ya estuvieramos descansando debajo de alguna mata de mango!

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  4. Jajajajajajaja que mangos? Ya casi ni quedan. Lo de ahora son las odiosas Motos -.-' que Rico que te llevaron susy, yo soy fanática de ellas, si me voy eso sera lO que mas extrañare junto con los platanitos :) y si escondela bien xq que si Pablo se la come me imagino que te arrecharas, aunk sea un poquito

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