6.19.2011

Sábado de celebración en el centro

Suena el despertador cada 5 minutos desde las 8 de la mañana hasta las 9. A esa hora salgo disparada al baño a lavarme la cara, cepillarme los dientes y amarrarme el cabello en alto, luego buscar la ropa deportiva, unas medias que combinen, ponerme los tenis que ya quiero cambiar, y repasar la lista mental de las cosas que debo tener en mi bolso para irme al gym. Una toalla pequeña para secar el sudor, el termo de agua y el carnet del gym. Salgo al patio, saco mi bici y le grito a Pablo desde afuera, Toooot Straaaaaaaks!

Luego, al llegar del gym, mi amado Pablo me espera con unos Broodjes (especies de panes redondos tostaditos) que ya ha horneado previo a mi llegada. Toda la casa huele a pan recién horneado y café. Después de una jornada deportiva, mi estomago reclama a gruños: comida. Me ducho, bajo de nuevo a la cocina y procedo a abrir los panes, ponerle en cada lado unas lonjitas de queso, servir el café, negro para Pablo y diabético (con leche y azúcar) para mí, y si hace buen tiempo, nos sentamos en el jardín a desayunar.

Y así comienzan todos los sábados de nuestra vida juntos.




Hace unos días le envié una invitación por facebook a los compadres de Pablo, a esos tres manganzones con quienes compartimos al menos una vez a la semana una tarde de cervezas y conversaciones, bueno, ellos conversan, yo trato de entenderlos. Era una invitación a un Brunchen que se celebraría este sábado en la ciudad. Un evento que se organizaba por primera vez en forma de agradecimiento a los residentes por su interminable paciencia en épocas de vacaciones.

Porque resulta que nuestra ciudad, o pueblo, como quieran verlo, es una de las más visitadas por aquellos aventureros acampadores vacacionales (léase el capítulo de Vacaciones al estilo holandés). Su gran cantidad de bosques, su hermoso río, las rutas de bicicletas, el acogedor centro de tiendas, hacen de Ommen uno de los lugares preferidos para unos días de descanso. Días de descanso y emoción para los turistas, pero de stress y congestionamiento para los que vivimos aquí. Las colas de los auto mercados cubren los pasillos, los semáforos se llenan de carros y ciclistas y el río se rebasa de botes.

Así que nuestro sábado ayer llegó hasta la parte de la ducha, porque ya no comeríamos aquí, como de costumbre, sino que iríamos a la ciudad a compartir con el resto de los Ommenars un rico y delicioso Brunchen.

El vecino tocó el timbre, nos subimos al carro, buscamos al otro manganzón y nos fuimos sin el tercero, quien pensaba que eso era muy anti-chic para él. Comer al aire libre, en el centro, y gratis? Que anti-todo! Nos hubiera gustado más ir en las bicis, pero el clima quería atentar contra Holanda entera con lluvias huracanadas y vientos de tornados.

Al llegar allá nos encontramos con unas grandes carpas armadas para resguardarnos de la lluvia y el fuerte viento.

Una de las carpas donde grababan la secuencia de Cocoon.


Nos metimos en la primera que vimos y nos sentamos en una de las mesas. Sobre ésta habían una cesta de distintas clases de panes, una cesta con frutas, mantequilla, mermeladas, mantequilla de maní, chocolate para untar, azúcar, sal, crema para el café y una bandejita con algunos embutidos. Una botella de champagne acompañaba a los platitos, las tazas, los vasos y cubiertos que en juegos de 5 complementaban el resto de la mesa. Claro, no podía faltar el toqué holandés, un pequeño materito en el centro con unas florcitas color violeta. Y después de un rato de habernos sentado, miré a mi alrededor con más detalle y me di cuenta que éramos los únicos que no teníamos el cabello totalmente blanco. Será que entramos en la carpa de Cocoon?

Muestra de nuestra mesa con los aperitívos correspondientes.

Las cámaras de televisión abundaban, entrevistando a todo aquel que les pasaba por un lado. Los flashes grababan en sus memorias el particular acontecimientos y los comensales esperábamos que el Alcalde diera sus palabras de para darle inicio a lo que veníamos, a comer!

Una corresponsal de un periódico local pasó por nuestra mesa pidiendo algunos comentarios, y de los tres machos vernáculos que estaban conmigo, ninguno quiso decir unas palabras, pero les parecía más gracioso que yo lo hiciera por ellos. Así que, sin pena alguna y con un limitado vocabulario, respondí algunas de las preguntas, incluyendo la de si nosotros vivíamos en Ommen.

Más tarde, después que repartieron las Krokets más espectaculares que he probado en toda mi nueva vida holandesa, apareció una señora queriéndonos tomar una foto. Me pidió que volteara y sonriera a la cámara, luego se me acercó y me preguntó si nosotros vivíamos en Ommen también y que si tenía una dirección de correo electrónico para que nos enviara la foto que recientemente nos había tomado.

Entiendo que mi color de piel, de cabello, perfil, estatura e idioma -casi nada- les diga que yo no soy holandesa, pero los manganzones? Esos tienen viviendo aquí toda su vida y lo único que les falta es usar Klompen para ser unos verdaderos holandeses. Así que no entendía porque todos nos preguntaban si realmente vivíamos en Ommen. Quizá si hubiéramos tenidos el cabello blanco, hubiéramos pasado desapercibidos. Será que en este pueblo, perdón, quise decir, ciudad, sólo hay gente mayor de 80 años?

Por supuesto, nos comimos todo, o bueno, casi todo, porque ya no podíamos más. Sobraron una fresitas, un pancito, y algunas mermeladas. Y el evento había terminado.

Nos fuimos con el sentimiento de homenajeados. Hasta el Alcalde nos sirvió café! Y, les advierto, si me hago famosa en algún periódico local, no me verán más por aquí, estaré firmando autografos en el centro de Ommen.

Aaaaaaaahhhhh! Así sí provoca ser Ommenar!

7 comentarios:

  1. jajajajajja.. hey tu eres venezolana, debistes haberte traido la comida que sobro :D ta buena la informacion, aunque que ladilla con esos holandeses y sus veranos perfectos. para mi un verano perfecto es ir a la playa pararme en el palito a comer empanadas, y venirme a las 6 de la tarde con una tremenda cola bajando de tucacas :D

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  2. Buen post ehhhhh.. Me gusta como vas describiendo todo. Por cierto todo son iguale s ehh entre Holandeses y Latinos, lo único es que tenemos más azúcar :)

    saludines

    **Alma**

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  3. @Ale,
    Justamente pensé eso cuando nos ibamos.... y qué harán con esas cestas? será que nos la podemos llevar? Podría ponerlo de centro de mesa en la sala!.... Que cerebro más venezolano tengo... Como si fuera un centro de mesa de quinceañera! jajajajaja... que feo!

    @Alma,
    No, no, no... nada iguales, mana! Nosotros tenemos azucar, estos de aquí ni a endulzante llegan!
    Saludos!

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  4. Que divertido! Siempre muy gracioso la forma como relatas todo. No me pelo cada artículo ;o)

    Saludos.

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  5. @Frank,
    Que gusto que lo disfrutes... pronto vendrán nuevos relatos!
    Un abrazo!

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  6. hey! amiga como buena compatriota te haces notar jejeje nunca pasamos desapercibidas! me dio mucha risa imaginarte llevándote la cesta con lo que sobro jajajaja, lo mejor es que lo disfrutaste!
    un abrazo

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  7. @Ely,
    Tal cual viejas rifandose el centro de mesa de la fiesta quinceañera... Ese mamotreto termina en la sala de casa llenadose de polvo y sin combinar ni con las cortinas! jajajajaja
    Pero no! Claro que no saque mi venezolanisima costumbre... No más terminamos, nos despedimos dando las gracias por todo y nos fuimos! Estuvo super chévere!
    Besos!

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