7.05.2011

Lujoso navegar

Era un día de esos fabulosos de verano. El sol brillaba y la brisa no era tan fría. Perfecto para comenzar con nuestro día en el barco. Llevaba mi hermoso vestido que descubre mis hombros dorados, mis cabellos comenzaban a ser oleados por el viento y con un montón de amigos charlábamos mientras nos tomábamos unos tintos. Y así partimos desde Monnickendam rumbo a...


Hey! Ya va! Así no era la historia. Regresemos otra vez!

Era un día de esos de verano holandés. Con frío y lluvia. Perfecto para quedarse en casa porque no da muchas oportunidades para inventar. Pero ya teníamos un compromiso, que pensábamos que sería maravilloso, si no fuera porque el clima de este país siempre se las trae.


La empresa donde Pablo trabaja había programado, desde hacía tres meses, un día de recreación con todas las oficinas a nivel nacional. Todos los trabajadores estaban invitados a un paseo en barco y un barbeque (parrilla) con sus familiares. Y como yo soy ahora la costilla de Pablo, me anotó en la lista de los asistentes.

Desde hacía una semana antes del evento estábamos prendiendo velas a los santos para que el tiempo se pusiera a nuestro favor. Un poco de sol veranero hubiera sido lo ideal, pero ese día amaneció lloviendo y con frío, y así continuó hasta el final. Así que la historia iba a ser otra.

Me olvidé del hermoso vestido que había comprado en La Haya para la ocasión. En vez de eso, desempolvé un pantalón caqui a media pierna que no había usado desde que llegué a tierras holandesas. Me puse una franelilla para que mi mente siguiera pensando que era un sabroso día de verano y sobre eso un suéter que me traía a la realidad. El cabello amarrado, por supuesto, porque con el frizz y la lluvia no presumiría de mi larga melena esta vez.

Plano de Monnickendam.


Recibimos a las 8 en punto a los otros dos colegas que nos acompañarían en el viaje hasta Monnickendam. Los chicos felices porque la chica manejaría y así ellos podrían tomar unas cervezas más. Cumplimos con el protocolo holandés, repartimos unos broodjes con lonjitas de queso, una café para los chicos y para mí, y un té para la chica. Conversamos media hora y luego nos subimos al auto para partir rumbo al día esperado.

La reunión era en un camping. En principio, hubiera sido al aire libre, pero como está vez el clima hacía de las suyas, instalaron una carpa enorme de circo donde estaban alineadas las mesas y los trabajadores pasaban a registrarse y conocer en que lista de los 16 barcos disponibles estaban sus nombres. Nos había tocado el barco número 1. Uno de los que llevaría a unos 50 o 60 pasajeros.

Carpa para protejernos de la lluvia.

Para que vean que no es cuento mío. Antes de partir, repartieron café, unas galletitas, charlaron un rato y partimos. Cumpliendo siempre con el protocolo de bienvenida holandés.

Caminamos un kilometro bajo la lluvia detrás de una chica que llevaba elevado con sus brazos un cartón con el número 1, hasta que llegamos al lugar donde estaban los 16 barcos esperando por nosotros. Subimos a algunos para atravesarlos y llegar al nuestro.

Nuestro barquito chiquitico.

Todos a bordo!


Bajamos todos a la cabina para recibir instrucciones. Se serviría un aperitivo y partiríamos luego a darle la vuelta al... estanque! Si, si, porque antiguamente eso pertenecía al mar, pero ahora los diques han cerrado el acceso, así que le puedes dar una vuelta a la manzana y presumir luego de que navegaste en aguas holandesas!

Por supuesto el meollo del asunto no era ir en un lujoso barco de esos donde te puedes echar a tomar el sol mientras viene un camarero a traerte el pedido, no! La aventura esta vez consistía en navegar con uno de esos barcos hechos al estilo antiguo cuando Colón se la tiraba de navegante experto. La tripulación constaba de tres pelagatos, uno que lleva el timón y va gritando instrucciones al otro que está en el otro extremo encargado de izar las velas en dirección contraria al viento para adquirir potencia en la navegación. El tercer pelagato está en la barra sirviendo cervezas.

Nos anuncian que necesitan voluntarios que quieran trabajar con el segundo pelagato. Y sale el 90% de los que ahí estábamos emocionados para ayudar. El otro 10% eran niños, una mamá, que se encargaría de los niños, y yo que no había entendido nada.

Todos emocionados para ayudar!

Y así comienza la travesía.

Todos unos navegantes.

Un detalle de una aleta lateral del barco.

Y así comienza una carrera entre los 16 barcos por llegar de primeros a la meta. Todos arriba trabajando bajo las instrucciones del segundo pelagato instruido por el primero al timón. Suban! Bajen! Desenrollen! Eleven! Cuadren! Láncense al agua! Vuelvan a subir!


Los otros competidores.

El rival.

A tomar un poco de viento entre risas.

Otro rival.

Se acabó lo que se daba, señores.
A recojer todo!

Confieso que yo no ayudé en nada. Y no porque no tuviera ánimos, sino porque si no entiendo todavía por completo las instrucciones que dan en las estaciones de tren, y llevó tiempo escuchándolas, estas nuevas sobre navegación, hubiera quedado frita! Con mi ayuda seguro terminaríamos como Colón, en Las Indias del trópico caribeño!

Disfrutando de algunos traguitos en la barra.

Por un momento dejó de llover y ya lo único que teníamos era una brisa fría, y aunque trabajaron arduo en todas las tareas, al llegar a la meta no fuimos los primeros. Bueno, no importaba, ahora con el hambre que teníamos, debíamos reunir un poco más de fuerzas y caminar de regreso hasta la carpa nuevamente para disfrutar del aperitivo que nos esperaba y así concluir con la velada que aunque el tiempo se antojó en arruinarnos, nosotros nos fuimos a disfrutarlo contra él.

De regreso a la carpa.
Un puente típico de estas ciudades.

Vista de Monnickendam.

Y las casitas típicas no pueden faltar.

7 comentarios:

  1. Por las fotos ya se ve que era un día de verano fantástico...me da la sensación de que estamos viviendo un otoño perenne en Tulilandia...pero al menos resultó divertida la experiencia marinera, no?

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  2. Que divertido chama! Muy gracioso la forma como comienzas el relato :o)

    Saludos

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  3. @Nuria,
    Ya sabrás tu más que yo del clima en estas tierras underground... Como puedes ver en las fotos, un gris precioso! Lo cual no quiere decir que no la pasamos bomba!Fue todo un éxito, contra el pronostico!

    @Frank,
    jejeje... así me lo estaba imaginando yo desde que recibimos la invitación tres meses antes. Ya yo me veía montada en un resort lujoso con camareros y todo... Y un clima tropical, por supuesto!
    Que ilusa! Ni camarero, ni resort, ni tropico!
    Pero estuvo bueno, lo admito! Nuevo para mi!
    Saludos de vuelta!

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  4. divertida experiencia! en un dique con un barco tipo colón con un verano muy particular está chévere!.... me supongo que Colón también vivió algunos días de verano así con dias nublados, lluvia y mucho viento frío en su trayectoria. solo que no existía el dique y el montón de gente adentro sin hacer nada... (todo eso para encontrarnos a nosotros y buehhh también lo que teniamos). (tu entiendes).
    Abrazo!
    Diana

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  5. @Diana,
    No tengo nada en contra de Colón, pero tengo un leve presentimiento de que ese iba siempre borracho al mando de unos cuantos borrachos más. Así que no sabemos a ciencia cierta detalles sobre los cambios climáticos en esa época!
    Pero si te puedo decir que nuestra experiencia estuvo chevere, con cielo gris, lluvia y frío... Lo único que faltó es que nos pusieran a remar para ganar la competencia! jeje
    Abrazos!

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  6. Se ve que la pasastes mal eh???'
    tremenda experiencia y divertida, imaginate organizada por estos lares jajajaj por que siempre comparamos jajajaja me alegra que te divirtieras ;)
    un abrazo

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  7. Demasiado mal, Ely.
    Hubiera preferido que hubieramos navegado en una chalana, con un indiecito al frente y sin rumbo fijo! (que conste que lo he hecho, y no ha sido mala experiencia)!!!!
    Abrazos de vuelta!

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