8.18.2011

Escape veraniego - Middelburg

Pablo decidió tomarse una semana libre. Una semana para descansar de todo el estrés laboral y para ocuparse de algunas cosas personales. Desde hacía una semana se había vuelto fanático del canal de tiempo, sólo viendo si la madre naturaleza nos regalaría en algún momento unos buenos días para escaparnos a hacer nada a otro lado. A veces la solución a hacer nada no es ocuparte, a veces es ir a hacerlo en otro lugar. Los pronósticos no eran los mejores, como ya se ha hecho costumbre por aquí, pero igual reservamos un hotelito al sur de Holanda y nos fugamos de Ommen esperando que el clima se tornara a nuestro favor. De todas formas, íbamos preparados con par de paraguas por si se hacían necesarios.

Luchando contra las sábanas y el calorcito de la cama, logramos levantarnos a las 8 de la mañana. Resumimos nuestras ropas, nuestros accesorios, nuestros kits de supervivencia en una pequeña maleta de color verde. Tomamos un café y comimos los últimos pedazos de torta que quedaban de mi cumpleaños. programamos el GPS en dirección Middelburg y nos fuimos a nuestro descanso.


El navegador del auto indicaba que debíamos mantener nuestros culos aplastados y nuestras piernas encogidas por un poco más de 3 horas, pero a Pablo le gusta la velocidad, le gusta tentar a las multas, así que estaba dispuesto a hacer del tiempo de viaje más corto. Para nuestra fortuna, y la de su licencia de conducir, nos encontramos con autopistas que permitían ir a 130km/h. Toda una novedad. Le pregunto a Pablo a que se debe que en estas vías se permita más velocidad y me responde que los políticos se han dado cuenta de que es estúpido ir a 100km/h. Volteo mi cara sin ánimos de indagar más al respecto, mientras veo los anuncios de propagandas para el nuevo límite de velocidad. Impresionante! Es que hasta los alientan!

Llegamos al hotel. Un edificio de dos plantas sin mucha gracias. Nada muy pomposo ni digno de una foto, pero con un excelente servicio y habitaciones remodeladas que luego del check in descubrimos. Además, había algo que me hacia sentir como en casa, un McDonald's, en todo el frente del hotel. Por supuesto no esperamos un minuto, y salimos a ver que nos tenía Middelburg preparado. AL fin y al cabo debíamos aprovechar que el clima nos sonreía.

Middelburg es precioso. Como muchas de las ciudades en Holanda, tiene canales de protección. Canales donde ahora navegan barcos de holandeses en vacaciones. O de otras nacionalidades también. Canales atravesados por viejos y nuevos puentes, de esos que cada cierto tiempo encienden sus sirenas e iluminan su luces intermitentes rojas, para anunciarle a los conductores y peatones, que está prohibido el paso porque abrirán sus puertas para dejar pasar a los barcos que tiene rato esperando del otro lado. Y todos esperan con esa paciencia que caracteriza a los holandeses. Como si el tiempo también se para con ellos. Por supuesto, la belleza de la ciudad debe sentirse en todos lados, así que, como si ya no fuera suficientemente bello el movimiento en los canales, los holandeses instalan materos llenos de flores en forma de barco en medio de las aguas. No podía faltar ese toque de jardinería, o si?

El puente frente a la estación de trenes.

Después de abierto ya todos los barcos son felices.

Maceteros en medio del canal!

Viejos puentes.

Y el tren, por supuesto. Moderno, no?


En medio de la ciudad está una antigua Abadía. Es enorme. Visitarla por dentro te hace sentir como si caminaras con una traje negro largo y un mecate a la cintura. Sabes? Como si fueras un religioso de la época. Hasta puedes escuchar a los monaguillos entonando sus canciones religiosas, aunque no sepas de donde viene. Caminas sobre tumbas y las miradas siempre las diriges hacia arriba, porque el techo es espectacular y porque en algunas partes, es tan alto, que no tienes otra opción que caminar viendo los grandes ventanales y las lámparas colgantes.

La torre de la Abadía.

Desde una de las ventanas subiendo las escaleras

Vista de la Abadía.

Una ventana en el tope de la torre.

Ventanales enormes.

Patio central. Con una cisterna antigua.

El techo.

La iglesia.

Tumbas en el piso.


El parque de diversiones estaba instalado en la ciudad. Cerca de la antigua Casa de Estado. Es que aquí esto es una diversión a mil. En época de verano todas las ciudades instalan por unas semanas lo que llaman el Kermis. Un parque de diversiones a todo dar que calma las ganas alocadas de algunos holandeses. Hay carritos chocones, trompos, sillas voladoras, algodones de azúcar, y peluches que debes ganar disparándole a los patitos. Nosotros nos sentamos en una terraza a disfrutar de una cerveza, mientras veíamos la vida alegre que le da el Kermis a la ciudad y enojados de que no nos dejaba espacio libre para tomarle fotos a otros edificios encantadores.

Detrás. La Casa de Estado.
Una de las más antiguas de Holanda.

El Kermis y los holandeses.

4 comentarios:

  1. Vaya que tienen sentido de la estética, hasta poner maceteros en medio de un canal, creo que aquí en México hasta esas plantas se secarían, imagino que la abadía ya solo funge como centro turístico, o aún hay monjes en el lugar?

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  2. Luis,
    Si supieras que eso de las flores y los maceteros los he visto hasta en los postes de luz, ne plena vía de autos.
    Es que aquí hay que embellecer la ciudad... Y creo que está muy bien, porque así el ciudadano tiene más respeto por el lugar donde vive, o el que visita.
    La abadía actualmente funciona más para el turísmo. No vi monjes pero estoy segura de que en algún lado estaban escondidos.
    Existe un ala que funciona como iglesia, pero no es nada del otro mundo.
    Saludos y gracias por pasarte por aquí!

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  3. aca tambien son rete adornados! en los parques, en la calle, hay macetas con flores que cambian acada rato! que bueno que se vayan de paseito!!! esta bonito el lugar!!

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  4. Negra,
    Tiempo sin verte por aquí... Si, pues... Estos paises tan embellecedores!
    Un abrazo!

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