8.05.2011

Un día en Almere

Faltaban unos pocos kilómetros para llegar al final de mi recorrido con él, cuando ha empezado con el interrogatorio. Que si tengo batería en el teléfono, que si tengo suficiente dinero, que si sé que tren tomar, que si no nos podemos comunicar más que entonces nos encontramos en la estación de trenes, y por último, "Toma. Esta es la dirección en donde yo voy a estar". Así no se había comportado la semana pasada. Pero claro, esta vez no iba con Marcelino, ni tampoco conocía la ciudad a donde iba.

Pablo tenía curso de nuevo en Ámsterdam y yo, como estoy de vagaciones forzosas, pues le acompañe para conocer un poco más de otro lugares. Contacte a mi amiguita, la guapa de cabellos lisos y negros, y le dije que la visitaría, al fin y al cabo, no vivía tan lejos de Ámsterdam.

Bajé del auto y le dije a Pablo que si se me acababa la batería del teléfono, que si me quedaba sin dinero, que si no nos podíamos ver en la estación, me buscara en la policía, en un hospital o mejor se buscara otra novia, aunque admitámoslo, una mejor que yo no va a conseguir.


Que lugar más frío. Si, quizá el clima tampoco ayuda, pero es que el estacionamiento del Arena, el estadio donde juega el Ajax, me da escalofríos. Es tan grande y nunca lo he visto lleno, claro esta, nunca voy a juegos de futbol. Además, es todo concreto, de ese clarito, de ese que te da frio. Siempre tan solitario. No sabes si caminas en la pista, en la acera. No sabes si alguien te ve desde algún rincón esperando algún momento para atacar. Camino siempre como aguantando la respiración, y no es porque quiera meter la barriga. Sólo vuelvo a un estado normal cuando veo la salida sur. Y salgo de ese techo que casi me aplasta para encontrarme con un espacio inmenso, y más allá, el símbolo del NS.

Siempre tengo a mano mi libreta con estilo a biblia, obsequio de una gran amiga. Me sirve para que la gente me vea como la buena y para anotar exactamente las rutas del tren que no me debo perder para llegar a mi punto final, que esta vez sería Almere.

Mi guapa amiga me esperaba en la estación. Fuimos a su casa por un cafecito y algo de comer mientras conversábamos de las cosas de la vida, de como nos hemos adaptado, e inadaptado, en nuestras distintas ciudades. Yo en este pueblo de caballos, sembradíos y silencio, ella en esa ciudad de grandes edificios, gente de distintas razas y ruido de ciudad. Hasta los buses pasan cada minuto, mientras yo aquí no he subido al primero. Más tarde tomamos uno con dirección a Almere Centrum. Llegamos a lo que yo creo, es la parte vieja del centro, edificios de dos pisos con locales en la parte baja. Mientras caminábamos, conversábamos y yo la hacia parar para ver algunos hermosos zapatos de tacones que combinarían perfecto con el vestido que vi el otro día.

Conversando y caminando llegamos a un espacio grandísimo. Rodeado de edificios nuevos y un poco más altos. Las texturas se hacían presente en cada uno de ellos, porque eso si tienen los holandeses, no le temen a las distintas texturas que puedan usar en una sola fachada o espacio. Las vitrinas llenas de tentaciones que hacen peligrar las tarjetas de crédito de cualquiera. Entre todo esto, te sientes chiquitito, te sientes como uno de esos palitos que poníamos en las maquetas para darle escala cuando estudiábamos en la universidad.

Zona de tiendas.

La fachada negra de este edificio parece terciopelo.
No son más que laminas de metal.

Las sillas esperando por el verano también.

En las cercanías al lago.


Más allá encontramos un lago, laguna, río o pozo gigantesco de agua. A mi siempre me ha parecido curioso las construcciones en este país, con esto de que le ganaron terreno al mar, hacer las bases de las edificaciones aquí debe ser encantador. Toda una obra de ingeniería perfecta. Pero eso sería demasiado básico y aburrido para estas mentes geniales, así que, para ponerle más sabor a la cosa, después de que han levantado un edificio, lo rodean de agua. Le hacen un lago alrededor. No se si es por estética, por seguridad, o qué carajos pasara por la mente de arquitectos e ingenieros en este país, pero si no tiene un charco debajo del edificio, entonces no es del agrado holandés. De hecho, muchos urbanizaciones nuevas tienen zonas donde las casas cuentan con un lago detrás. Un canal donde pasearán en balsa. Y por ese poco de agua, pagan más. Yo, todavía sigo asociándolo con mosquitos, dengue y otras enfermedades, así que a mi aún no me han convencido con eso de tener un charco al lado.

Un edificio sobre el lago artificial.

Nunca faltan las aves y los barcos en estos lagos.


La lluvia hacía su aparición y nosotras nos resguardábamos debajo de un parapeto de paraguas perteneciente a mi amiga. Bueno, por lo menos ella tiene el parapeto ese. Yo, como ya dije, ni periódico llevo para cubrirme la cabeza. Corrimos hasta llegar a un lugar seguro. Las conversaciones transcurrían ahora entre un pastel de fresas y unos jugos en La Place. Me encanta ese lugar. Siempre que estaba en Zwolle, sola, entraba ahí y descansaba. A veces tomaba un erwtensoep, una sopa hecha de guisantes con trozos de salchichas. Mi sopa favorita. Excelente para el invierno, dicen aquí, pero aún en verano paso a La Place con la esperanza de encontrar un poco de ella, pero no he tenido éxito. Como tampoco más nunca encontré ese delicioso croissant de chocolate. Todavía se me hace agua la boca cuando me acuerdo del día que lo probé. Que cosa más buena!

Después de un rato, cuando terminamos nuestros aperitivos y las lenguas se nos empezaban a dormir después de tanto hablar, nos fuimos a buscar algún mercado chino. Le había dicho a mi amiga que necesitaba uno de esos mercados porque eran los únicos lugares donde podía conseguir Harina PAN. Curioseamos unos cuantos y al fin conseguí mi tesoro. Y lo mejor de todo, al lado de la harina, estaba el oro negro venezolano. Caraotas Negras! Sin pensarlo mucho guardé un kilo también en mi bolsa.

La tarde había terminado y Pablo hacía su contacto respectivo para anunciarme que iría a buscarme. Quince minutos más tarde, Pablo ya estaba sentado con nosotros en la sala de mi amiga y conversando con su esposo, quien también ya había vuelto de las labores diarias. Ahora éramos 4 voces en español, 2 perfectas y 2 al estilo Jlo cuando le da por ser latina. Al final terminamos almorzando en un restaurant chino. Comiendo sushi y hablando de política, economía, cultura y cualquier tema que surgía. Fue un final fabuloso. Con dos grandes personajes que nos hicieron sentir como en casa. Uno de esos momentos que esperamos se repita pronto.

4 comentarios:

  1. le digo presente una vez mas, disfruto de sus aventuras como no tiene una idea, y reviso asiduamente para ver cuando hay algo nuevo, como le va con su libreta tipo biblia? es la que yo creo? jajaja...

    besos

    G!

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  2. Mi querida G!
    Estuve averiguando por aquí a ver si conseguía otra libreta como la que ud. me obsequió. Pero nailon! No la he encontrado!
    Claro que es la que ud. cree! Tiene en todas las páginas las direcciones a las que he tenido que ir sola y las rutas de tren que debo tomar. Hasta los nombres de las calles por donde debo caminar. Como yo no cargo tecnología portatil, pues ando con mi libreta tipo biblia para todos lados! Lo único que espero es no toparme con algún fanático y tener que escuchar su discurso sobre la iglesia!
    Un abrazo!
    Gracias por pasar por aquí y decir presente!

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  3. Anónimo6.8.11

    Woww. me gusta como describes todo, sobre todo que disfrutes de tus paseos :)


    saludines

    **Alma**

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  4. Alma,
    Los paseos siempre son divertidos... Todos son una nueva experiencia y provoca contarlas, aunque pase más tiempo en el computador ordenando mis ideas!
    Que bueno que te guste!
    Saludos!

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