2.17.2012

La visita

Tenía sólo un año la primera vez que cruzaba las fronteras de Venezuela. Aquella vez era mi presentación a la sociedad internacional, especialmente a los familiares de por allá bien al sur del continente americano. Por allá, por ese país que es 10 veces más largo que ancho y en donde los aviones tienen que guardar sus alas para poder aterrizar y no entrar en territorio vecino.

Seguro que me regaloneaban, me lanzaban besos, apretaban mis gordos cachetes y decían que era la guagua más relinda de todo Chile y Venezuela juntos. Bah! Todo eso que dicen los adultos cuando ven a un bebe. Aunque sea feo!

De esa vez no tengo recuerdos. Cómo, si sólo balbuceaba? Pero si los tengo de aquella próxima cuando a los 15 mis papás me mandaron de nuevo, esa vez sola, a mi presentación mundial en la sociedad peruana-chilena.

2.10.2012

Pasión por el hielo

Falta que uno abra la boca y ahí va!

Si, no más hablar del falso invierno que estábamos viviendo para que las temperaturas se vuelvan locas y nos congelen la boca -o los dedos- para dejar tanto gamelote.

Hace dos semanas que nos empezamos a congelar. Odio decirlo, pero Pablo tenía razón. Nos estamos cagando del frío! Afortunadamente mi rutina laboral terminó justo antes de que el país se pusiera patas pa'rriba. Porque aquí no hemos subido de 0 grados y nevó sólo un día en todo el país, pero eso bastó para que los trenes no rodaran, para que las autopista se paralizaran y la gente no supiera cómo carajos volver a casa al final de sus jornadas.

Un día de nieve.

2.03.2012

Mi primer trabajo

En esos días estaban a punto de inaugurar un restaurant de McDonald's en la ciudad. Era el 4to. restaurant y por supuesto, iban a necesitar de nuevo personal. Yo aún tenía 17 años y según las leyes venezolanas, no era apta todavía para entrar en el mundo laboral a menos que tuviera un permiso de mis padres, pero igual me apunté en la lista de candidatos, aunque lo único que querían mis padres era que fuera a la universidad.

Mi primera entrevista de trabajo. Ni siquiera recuerdo que me preguntaron o si estaba nerviosa o no. De lo que si estoy segura es que no hubo mentiras. No aparenté ser una buena cocinera, ni tampoco la más simpática para atender al público, y mucho menos la reina de la escoba y el trapeador. Y quizá, pensándolo bien, hubiera mentido en todo porque esa vez no me seleccionaron ni para la siguiente ronda.

No es que me haya desilusionado después de recibir un "muchas gracias por tu aplicación" como respuesta, pero uno a los 17 años cree que un trabajo representa la independencia. Aunque vivas con tus padres y ellos paguen todos tus antojos. Si aún no estudiaba, trabajar era la única opción posible para sobrellevar los días de rebeldía.