2.17.2012

La visita

Tenía sólo un año la primera vez que cruzaba las fronteras de Venezuela. Aquella vez era mi presentación a la sociedad internacional, especialmente a los familiares de por allá bien al sur del continente americano. Por allá, por ese país que es 10 veces más largo que ancho y en donde los aviones tienen que guardar sus alas para poder aterrizar y no entrar en territorio vecino.

Seguro que me regaloneaban, me lanzaban besos, apretaban mis gordos cachetes y decían que era la guagua más relinda de todo Chile y Venezuela juntos. Bah! Todo eso que dicen los adultos cuando ven a un bebe. Aunque sea feo!

De esa vez no tengo recuerdos. Cómo, si sólo balbuceaba? Pero si los tengo de aquella próxima cuando a los 15 mis papás me mandaron de nuevo, esa vez sola, a mi presentación mundial en la sociedad peruana-chilena.


Como aún no era mayor de edad, me pusieron a cargo de las azafatas quienes debían guiarme en todo camino para que yo no terminara subiendo al avión equivocado o saliendo por la puerta de entrada.

Mi primera parada fue en el aeropuerto de Lima y a pesar de que toda la vida había escuchado el acento peruano, aterrizar en un lugar donde todos hablaban igual a mis familiares en Venezuela fue algo nuevo para mi. Mis oídos tuvieron que adaptarse y debía dejar de sorprenderme por todas las veces que ellos conjugaban el verbo "conchar" con alguna madre.

Mi abuelo llegó un día después a buscarme a casa de una tía en donde había tenido que pasar la noche. Tomamos un par de cosas y partimos en la aventura que tenía preparada para mí y de la cual yo no tenía ni idea. Un autobús nos llevó durante toda la noche hasta Arequipa y luego otro, unas cuantas horas más, hasta Cusco. Tantas horas de viaje no fueron cómodas ni placenteras, pero recuerdo que en un momento abrí las cortinas de la ventana y, aunque estaba oscuro porque era de noche, me sorprendió ver por primera vez la nieve.

En Cusco tuvimos que rentar una habitación para pasar la noche porque los trenes sólo partían en la mañana y nosotros habíamos llegado después de medio día. Nunca había experimentado tanto frío como aquella vez a pesar de que había llegado en pleno verano. Claro, a 3400 m sobre el nivel del mar, hasta los andinitos se congelaban. Y después de un largo viaje, meterme debajo de las sábanas para descansar era mi prioridad, y así lo hice. No sin antes pedirle a mi abuelo que por favor apagara el aire acondicionado porque la habitación estaba muy fría.

A pesar de que no pudimos llegar a conocer Machupichu, ese fue el comienzo de nuevas experiencias en otro país. De nuevos colores, de nuevos sabores y de nuevos olores. De colores, sabores y olores con los que yo pensaba que había convivido toda mi vida, pero que no eran iguales cuando estaba ahí por primera vez.

Quince día más tarde estaba volando más al sur para terminar con mi presentación social. Esa vez tampoco se escapó de ser otra nueva experiencia. Pisar Santiago me hizo pensar que había llegado a un país desarrollado. Diferente del que vivía. Diferente del que había dejado una horas antes también. Parecía que ellos tenían un país mejor que el mío y hasta estilo les sobraba. Con grandes centros comerciales y paseos al estilo europeo. Con gente de colores más claros y con más pretensiones. Y al igual que el otro, también en este veía los colores diferentes, olía diferente y tenía sabores diferente.

Por primera vez en la vida tuve que usar un suéter en la playa y salir del agua 5 minutos luego de haber entrado porque jamás había nadado en un mar tan congelado. La playa siempre había sido parte de mi vida, pero nunca fue como esa vez.


Dentro de unos días tendré una visita muy especial. Mi visita nunca ha visto la nieve ni tampoco ha experimentado el frío. Mi visita está tan preocupada en cómo se va a comunicar con los de acá que ha comenzado a practicar algunas frases claves para no parecer mal educada. Ella piensa que aquí va a ser feliz comiendo salchichas y papas fritas, y que me va a lanzar bolas de nieve con todas sus fuerzas de lo emocionada que va a estar. Hasta me pidió que en la habitación que iba a ocupar, tuviera un aire acondicionado para dormir "fresquita", sin saber que sólo necesitará abrir la ventana para disfrutar de un aire tan frío que ni el aire acondionado puede superar.

Mi visita experimentará nuevas cosas. Verá colores diferentes, como los que veía yo aquella vez que salí de las fronteras venezolanas. Olerá aromas diferentes a los que está acostumbrada, y seguro, seguro, probará sabores diferentes que nunca había probado.

Mi visita está emocionada, tal y como yo lo estaba. Y seguro no sabe todo lo que va a conocer, así como yo tampoco lo sabía. Ella tiene 8 años y yo tenía 15. Y espero que ella pueda recordar todas las nuevas experiencias y sensaciones como yo lo hago ahora.

12 comentarios:

  1. Que linda experiencia! y la que tendra tu visita super! estoy de acuerdo en que eso nos enriquece al tenerlas a temprana edad...pero con el tiempo se olvidan solo se recuerda lo que mas nos marca.
    Que disfrutes mucho a tu visita luego nos contaras!
    Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, querida Ely!
      Muchas cosas se olvidan pero también muchas otras, especialmente las sensitivas, siempre, siempre se recuerdan.
      Espero que mis visitas pasen unas lindas vacaciones por aquí cubiertas hasta el cuello del frío! jeje
      Luego les contaré las aventuras que tendremos!

      Besos de vuelta!!!!

      Eliminar
    2. Que linda experiencia, yo espero que mi sobrina de casi 9 años pueda venir pronto y experimente cosas parecidas. Un abrazo y que se diviertan.

      Eliminar
    3. Claro que si, Colombiana!
      Cuando sea el turno de tu sobrina, vas a disfrutar seguro de sus caras sorpresivas y su inocencia al conocer un país tan diferente como en el que vives ahora.
      Gracias por los buenos deseos... nos divertiremos un montón!

      Abrazos de vuelta!

      Eliminar
  2. Uy los viajes que hace uno de adolescente o pre-adolescente son los que idealiza uno mas que ningún otro y los recuerdas por siempre. Creo que tu visita se va a divertir mucho, sobre todo si va con la ilusión de conocer la nieve y hasta le van a tocar los canales congelados para que aprenda a patinar!

    Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es cierto, Ivan... esos son los que quedan grabados en la mente de uno.
      Mi visita vamos a tener que llevarla a Alemania a que vea la nieve porque aquí ya se acabó!

      Saludos de vuelta!

      Eliminar
  3. Paaa que suerte tuviste, un viaje como ese a los 15. Yo a esa edad casi ni había salido de mi pueblo jajajaja. Disfruta de la visita, siempre es lindo recibir familiares y mostrarles todo aquello que te impresionó al verlo tu por primera vez.

    Un saludo y ya nos contarás Ley!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues si, Andaluz... Mucha suerte! Es que era la primera hija y tenía que hacer mi presentación al resto de los familiares en cualquier momento. Ese es el problemita de ser hija de extranjeros! Alguien tiene que hacer el trabajo sucio y conocer más allá de las fronteras! ;)

      Saludos de vuelta!!!!

      Eliminar
  4. woww me quede sin habla, hermosa experincia que solo una vez se vive.

    un abrazote

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Oh si, Alma... una sola vez! Nada como la primera vez!

      Abrazos!

      Eliminar
  5. Ley menuda emoción, más por la niña, respirar un nuevo aire, ver nuevas personas, otra cultura, esos viajes/experiencias son inolvidables, creo que desde que uno tiene memoria cuando viajas y ves otras culturas porduce en la bitácora personal un "antes y después"
    Besitos,
    desde las alturas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Caro,

      Pues si... anda de lo más emocionada con todas las cosas que ha visto. Creo que va a ser muy bueno para su desarrollo!

      Besos de vuelta!

      Eliminar